Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Ya había terminado su conferencia de prensa, entonces abandonó el edificio de cristal, y cuando se dirigía hacia su camioneta, un grito desesperado alcanzó a escucharse en medio de las voces de la gente: «¡Díganme cual es!» y delante de sus ojos bien abiertos, don Juan pretendía ubicar a la figura del gobernador, y a pesar de sus limitaciones el deseo por verlo había creado una especie de fuerza que lo llevaría directo a lograr su objetivo.
El gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, había regresado de su viaje a Dinamarca, de donde había traido una gran promesa de inversión en el terreno de las energías renovables, que le permitirán a Tamaulipas, ponerse por delante de otros estados por la riqueza de hidrocarburos y las posibilidades de generación de energía eólica.
Ese había sido el tema principal abordado con los reporteros en la planta baja del edificio Torre Bicentenario, a donde muy temprano acudió el mantario, para sostener una reunión de trabajo con su equipo, y coordinar el trabajo durante los próximos días que serán de vacaciones.
Cuando terminó su conferencia de prensa, muy a su estilo, (delimitando el área de los reporteros y la suya, para evitar empellones y problemas de amotinamiento a la hora de ofrecer declaraciones) salió por la puerta principal, por la que horas antes había entrado, y avanzó entre saludos y selfies hasta llegar a su camioneta que estaba estacionada con el chofer arriba, justo frente al edificio, cuando alguien gritó «¡Díganme cual es!» «¡No lo veo!»
Era don Juan Enrique Martínez, un hombre en silla de ruedas que mantenía su mano estirada en busca de la compasión de la gente y solicitaba algunas monedas, a la entrada del edificio. Muy cerca de él había otras personas que le habían advertido «te van a regañar» pero él continuó con su búsqueda hasta que alguien tomó la silla de ruedas y lo condujo hasta donde estaba el gobernador.
García Cabeza de Vaca, ya estaba en su camioneta cuando llegó don Juan, entonces abrió la puerta y bajó para entrevistarse con él.
-No tengo ni para llevarle de comer a mi esposa -Le había explicado al gobernador.
-Yo te voy a ayudar -Fue la respuesta del gobernador
Y le dijo que Silvia Almanza se iba a poner de acuerdo con él para ayudarle en su necesidad, y la señora Almanza que estaba muy cerca de ellos escuchando la conversación, movió su cabeza en señal de afirmación, para enterar al gobernador que ella se haría cargo de todo lo demás.
Así había cerrado el compromiso el mandatario con don Juan y entonces volvió a su camioneta y se alejó, mientras doña Silvia Almanza, por lo pronto, puso en sus manos un billete de 500 pesos que el hombre no reconoció si no hasta después «oye pos me fue bien»







