“VOCES QUE EL PAÍS NO DEBE DE IGNORAR”
Por: Luis Armando González Isas
Columna de opinión
“Conciencia Ciudadana”
A veces me pregunto si realmente estamos escuchando al país.
Porque México habla todos los días: habla en la petición de los campesinos, en la esperanza de los jóvenes, en la emoción de quienes leen, y hasta en las palabras de los políticos que viajan muy lejos para hablar de paz mi.
Esta semana es un retrato perfecto de ese México que grita, enseña, sueña… y también espera.
LOS CAMPESINOS ESTÁN HABLANDO
Miles de agricultores bloquearon carreteras en más de veinte estados. No lo hicieron por gusto ni por capricho: lo hicieron porque ya no pueden más.
Los costos suben, los precios bajan y el esfuerzo ya no alcanza.
He escuchado a campesinos decir que “sembrar es como jugar a la suerte, pero con hambre de por medio”. Y duele escucharlo, porque sin ellos, el país se detiene.
Seguro estoy, el Gobierno Federal los escuchará y tendrá que hacer algo ya que si alguien puede mover masas no solo de maíz sino también de gente con los campesinos mexicanos, la gente del campo no pide dádivas, pide justicia y también, “porque defender al campo es defender lo más básico”: nuestra comida, nuestra identidad, nuestra raíz.
LA PAZ TAMBIÉN SE CULTIVA
En medio de ese ruido, Tamaulipas dio una lección distinta.
En la Alameda del 17, de la capital Tamaulipeca los estudiantes y maestros participaron en la jornada “Por la Paz y contra las Adicciones”, una iniciativa que mezcla tradición, deporte y reflexión.
Fue hermoso verlos: jóvenes corriendo, rodando, riendo, recordándonos que la paz no es una palabra de moda ni un discurso oficial, sino un trabajo diario.
Una maestra lo dijo mejor que nadie: “La paz no se pide, se construye”.
Y sí. Porque la paz se enseña desde el aula, se cultiva en casa, se defiende en comunidad.
En tiempos donde parece que todo divide, ver a los jóvenes unidos por algo tan simple y tan profundo fue una bocanada de esperanza.
NOROÑA, PALESTINA Y LA COHERENCIA
Mientras tanto, en otra parte del mundo, el senador Gerardo Fernández Noroña viajó a Palestina.
Dice que va en misión de solidaridad, y que quiere ver con “sus propios ojos” lo que allá se vive.
Y eso está bien. Ser solidario no tiene fronteras.
Pero no puedo evitar pensar que México también tiene sus propios “Palestinas”: comunidades olvidadas, desplazados, campesinos que luchan por sobrevivir.
Yo le recordaría al Senador que él es un representante del pueblo mexicano y como tal no puede tomar partido por algún conflicto entre dos naciones ya que su investidura nos mete en un conflicto de intereses internacionales y más si ha sido cuestionado por aceptar ese tipo de financiamiento de otro país que según él fue el que le está patrocinando su ida a tierras lejanas.
Pero en fin…
Ser solidario afuera no está mal, pero ser congruente adentro es mejor.
Porque mientras algunos viajan para hablar de justicia internacional, aquí mismo hay mexicanos que solo piden un precio justo por su cosecha o una oportunidad para no caer en las adicciones.
La empatía global se aplaude, pero la coherencia nacional se agradece.
ENTRE LIBROS Y ESPERANZA
En Tampico, la Feria del Libro de la UAT abrió sus puertas y, entre presentaciones y talleres, volvió a recordarnos que la palabra también salva.
Ver a jóvenes, familias y docentes compartiendo ideas en un ambiente de cultura es inspirador.
En un país donde a veces reina el ruido, leer es un acto de resistencia.
El rector Dámaso Anaya dijo que la feria es “una fiesta de libertad y pensamiento”, y tiene razón.
La lectura sigue siendo el mejor camino para abrir la mente y cerrar heridas.
En medio de crisis y divisiones, los libros nos devuelven algo que no se puede importar: la esperanza.
En conclusión esta semana, México está hablando fuerte y claro.
El campo pide justicia, la escuela promueve paz, la política busca sentido, y la cultura siembra pensamiento.
Cada uno aporta algo, pero todos nos recuerdan lo mismo: que este país necesita escucharse a sí mismo.
No se trata solo de oír reclamos, sino de entenderlos.
La transformación real no llega en discursos ni en aviones diplomáticos: llega en manos que siembran, en jóvenes que educan y en ciudadanos que leen.
Porque al final, el México que soñamos no se impone ni se promete:
se construye, se educa y se cultiva… con dignidad.
Luis Armando González Isas
Analista de temas sociales.
Correo: [email protected]







