REGULAR, CENSURAR Ó CONTROLAR, ¿REALMENTE PRETENDEN CALLAR LAS REDES SOCIALES DE LAS IGLESIAS, PASTORES Y CURAS?

Desde mi mirada: entre la fe, la política y el respeto

Columna: CONCIENCIA CIUDADANA
Por: Luis Armando Gonzalez Isas

En estos días he estado observando tres temas que, aunque parecen distintos, tienen algo en común: reflejan el momento que vivimos como país.
Uno toca la libertad de expresión de los pastores y ministros, otro el relevo en el gobierno municipal de Uruapan, y el tercero, un lamentable incidente que involucra a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Cada uno me deja reflexiones personales que quiero compartir.

LA VOZ DE LOS MINISTROS
Se ha hablado de una propuesta que busca regular los contenidos que los ministros de culto publican en redes sociales.
Al principio pensé que era un tema técnico, pero al leerlo con calma, me quedó claro que podría tener implicaciones más profundas.
La fe siempre ha sido un pilar en la vida de muchas personas, y las redes sociales se han convertido en una nueva manera de compartir mensajes de esperanza.
Si el gobierno empieza a ponerle límites a eso, corremos el riesgo de apagar una de las pocas voces que todavía hablan con verdad y con valores.
No se trata de política, sino de libertad. Y la libertad de expresar la fe no debería tener filtros ni permisos.

URUAPAN Y EL PESO DEL LEGADO
El caso de Uruapan me deja sentimientos encontrados.
Por un lado, entiendo el gesto del Congreso al proponer a la esposa de Carlos Manzo como alcaldesa. Es una forma de honrar su memoria y continuar el trabajo que él comenzó.
Pero también pienso que gobernar no puede ser un acto de impulso ni de emoción.
Ella tiene ante sí un reto enorme: demostrar que puede asumir el liderazgo con inteligencia, sensibilidad y firmeza.
Si lo logra, transformará el dolor en fortaleza, y eso sería un mensaje poderoso para todo el estado.
Lo importante es que no se politice el duelo, sino que se traduzca en compromiso con la gente.

EL RESPETO QUE ESTA PERDIDO
Y luego está el hecho que más me impresionó: la agresión que sufrió la presidenta de México durante un recorrido público.
Más allá de ideologías, me parece inaceptable.
No se trata de si uno simpatiza o no con su proyecto, sino del simple principio del respeto.
Ver que alguien se atreve a tocar o agredir a la primera mandataria del país es un reflejo del deterioro social que estamos viviendo.
El respeto se ha ido diluyendo, y eso nos debe doler a todos.
Si eso le ocurre a la presidenta, ¿qué queda para las mujeres que caminan solas todos los días, sin cámaras ni protección?

MI CONCLUSION
A veces siento que México está en una etapa donde necesitamos hacer una pausa y pensar hacia dónde vamos.
Estamos olvidando lo esencial: el valor de la fe, la dignidad en la política y el respeto en la vida diaria.
No todo se resuelve con leyes o discursos. Lo que necesitamos es volver a lo básico: al respeto, a los valores, a la verdad.
Porque si seguimos permitiendo que se limite la voz espiritual, que se gobierne desde la emoción y que se pierda el respeto, lo que estaremos perdiendo no es solo estabilidad… sino el alma de nuestro país.

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