ENTRE CAPTURAS, NOMBRAMIENTOS, Y SEÑALES POLITICAS.
Columna: “Conciencia Ciudadana” Por: Luis Armando Gonzalez Isas
El mundo atraviesa un momento en el que la legalidad internacional parece caminar siempre al borde del abismo. La hipotética captura de Nicolás Maduro más allá de simpatías o rechazos abre una discusión incómoda: ¿hasta dónde llega la justicia internacional y dónde comienza la violación abierta a la soberanía de los Estados? Sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, una acción de ese tipo no solo pondría en entredicho la Carta de las Naciones Unidas, sino que sentaría un precedente peligroso: el derrocamiento forzado de gobiernos bajo criterios políticos y no jurídicos.
En Venezuela, el escenario es todo menos estable. Una oposición fragmentada que no reconoce a Delcy Rodríguez, un Maduro que desde prisión reclama legitimidad, y aliados estratégicos como Rusia que cierran filas, conforman un tablero geopolítico altamente volátil. Estados Unidos, por su parte, no juega un papel neutral: no se trata solo de quitar o dejar a un presidente, sino de intervenir en una transición sin consenso amplio, con efectos que podrían marcar por años a América Latina. Cuando las salidas no son negociadas ni legítimas, el riesgo no es solo político: es violencia, aislamiento internacional y crisis prolongadas.
En ese contexto de ambigüedades institucionales, México tampoco es ajeno a decisiones que generan más preguntas que certezas. El caso del nombramiento de Alejandro Gertz Manero vuelve a poner sobre la mesa un viejo dilema: ¿se gobierna con lógica política o con lógica institucional? Para muchos sectores, su designación no se lee como una decisión diplomática estratégica, sino como un reacomodo tras una gestión controvertida al frente de la Fiscalía General de la República. Conflictos de interés, uso discrecional del poder y resultados cuestionables acompañaron su paso por la FGR, por lo que enviarlo a una embajada de alto perfil puede percibirse más como premio político que como reconocimiento a méritos diplomáticos.
¿Es bueno o malo el caso Gertz? Depende desde dónde se mire. No es una decisión óptima bajo estándares estrictamente diplomáticos, y puede afectar la credibilidad de México ante países con altos niveles de exigencia en el Estado de derecho, como el Reino Unido. Sin embargo, en términos operativos, podría ser funcional si su papel se limita a áreas donde su experiencia técnica aporte valor y no desgaste institucional.
Mientras tanto, en lo local, la política también habla en símbolos. La tradicional partida de rosca por el Día de Reyes en Tamaulipas fue algo más que un acto protocolario. La coincidencia del gobernador Américo Villarreal, y el rector de la UAT, Dámaso Anaya, envió un mensaje claro: unidad, cercanía y coordinación institucional al arranque del año. En tiempos donde la gobernabilidad se mide tanto en resultados como en percepción, estos gestos cuentan.
Pero no todo es celebración. El temor por el decomiso de autos “chocolate” ya recorre Tamaulipas. Con el fin del programa de regularización, el mensaje federal es contundente: la tolerancia terminó. Los decomisos, a cargo de autoridades federales como la ANAM y la SSPC, comenzarán en febrero, con apoyo estatal solo bajo solicitud formal. Para miles de familias, esto no es un tema técnico ni legal: es la posible pérdida de su patrimonio. El reto será aplicar la ley sin detonar un conflicto social innecesario.
Así, 2026 se perfila como un año silencioso pero decisivo para Tamaulipas. Sin elecciones locales, pero con una ciudadanía más exigente, el gobierno estatal enfrentará menor margen de error. La seguridad seguirá siendo el eje central, los municipios cargarán presión presupuestal y los partidos politicos,!deberán administrar sus tensiones internas si quiere mantener cohesión.
En política, los años sin urnas suelen ser los más reveladores. Porque es ahí donde se gobierna sin pretextos, y donde las decisiones locales o internacionales terminan mostrando su verdadero costo.
Por hoy es todo y nos leemos en la próxima, bendecido 2026.