Las señas toman forma, sentido y palabra; y con ello el diálogo surge, derribando murallas y uniendo comunidades.
El CRI, -Centro de Rehabilitación Integral- espacio del Sistema DIF Tampico, es el lugar de la esperanza, al que decenas de tampiqueños acuden a aprender la lengua de señas mexicana, con el único propósito de ampliar las oportunidades de comunicación con la comunidad sorda y con ello contribuir a visibilizar a miles de personas que sufren de aislamiento y soledad.
Ahí, Laura Guadalupe Promotor Torres y Ángela del Carmen Fernández Del Ángel, con 12 y 17 años de trayectoria respectivamente, han convertido la Lengua de Señas Mexicana (LSM) en un puente de posibilidades para quienes han vivido aislados en su propio mundo.
Para ambas, la decisión de ser intérpretes no nació de la casualidad, sino de la empatía pura.
Laura recuerda que hace más de una década inició un curso sin saber bien a qué se enfrentaba. Sin embargo, al convivir con la comunidad sorda, descubrió historias marcadas por la tristeza: la falta de educación y la carencia de empleo.
»La barrera de comunicación es tremenda. Comparo a la comunidad sorda con alguien que llega a China: no tienes una discapacidad intelectual, simplemente no hablas el mismo idioma», explica Laura.
Por su parte, Ángela encontró su motor al ser testigo del «Síndrome de la Mesa del Comedor», ese aislamiento doloroso donde una persona sorda, rodeada de su propia familia, es ignorada.
»Descubrí que se reprimen emociones porque ni siquiera saben cómo expresar lo que sienten. Tuve que romper mis propias barreras y la vergüenza de gesticular para aprender a decir ‘hola’ y empezar este camino», confiesa Ángela.
Ambas intérpretes coinciden en que hoy se vive un momento histórico en Tampico. Bajo la dirección de la Alcaldesa Mónica Villarreal y la Dra. Luz Adriana Villarreal Anaya, Presidenta del Sistema DIF, la comunidad sorda finalmente ha sido visibilizada.
Ángela destaca un gesto que marcó un antes y un después: el acto de la Dra. Luz Adriana de pedir perdón a la comunidad sorda por los años de abandono por parte de los oyentes.
Este perdón no se quedó en palabras; se transformó en acciones: alfabetización a personas de 60 años que están aprendiendo a escribir su nombre por primera vez; educación a 41 personas que cursan primaria y secundaria; y jóvenes sordas estudiando belleza, además de empleo real con la integración de personas en la base laboral del Ayuntamiento; y finalmente capacitación institucional con la primera generación de funcionarios del DIF y del gobierno local, capacitados en LSM para brindar una atención digna.
El mensaje de Laura y Ángela es claro: la Lengua de Señas Mexicana no es un «lenguaje» (término que invitan a dejar de usar), es una lengua, un idioma con el mismo valor legal y estructural que el inglés.
»Es padrísimo ver a profesionistas que vienen al CRI, aprenden y lo aplican allá afuera», dice Laura con orgullo.
La invitación para los habitantes de Tampico es a romper el miedo.
«Se te va a olvidar una seña, pero aprenderás cinco más», señala Ángela. La meta es dejar de ver la sordera como una limitación mental y entenderla como una diversidad de comunicación.
Hoy, en el DIF Tampico, se trabaja para que la inclusión no sea una campaña pasajera, sino una costumbre arraigada. Porque, como dicen las manos de Laura y Ángela, incluir es el acto más alto de justicia social.






