#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
Del patito feo, al consentido
En Nuevo Laredo, durante años, el poniente de la ciudad fue tratado como ese paciente al que apenas le daban una aspirina para calmar el dolor… pero nunca para curarlo. Administraciones iban, administraciones venían, y el discurso era el mismo, promesas grandes, obras pequeñas y, para esa zona, apenas “mejoralitos” que no resolvían el rezago histórico.
Pero algo cambió.
Y no, no fue casualidad.
Fue decisión política.
La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal parece haber entendido algo que muchos de sus antecesores ignoraron, había una deuda con los habitantes de ese sector.
Y vaya que la está pagando con obra.
En una gira intensa, sin pausa y con resultados en mano, la presidenta municipal entregó pavimentaciones en tres colonias clave del poniente, con una inversión que supera los 15 millones 430 mil pesos.
Ahí está la calle Rolando Montante, en la Independencia Nacional, dejando atrás el polvo y el abandono. Ahí están Praxedis Solís, en la 150 Aniversario, y José Robles, en la Francisco Villa, donde el concreto hidráulico llegó para quedarse, no para tomarse la foto.
Y como si fuera poco, en esa misma Francisco Villa se suman Pamoranes y Trinidad Rodríguez, tejiendo una red de conectividad que antes simplemente no existía.
En números, el dato es frío, 4 mil 579 metros cuadrados de pavimentación.
En la realidad, el impacto es otra historia, calles transitables, plusvalía que despierta, familias que dejan de esquivar baches como si fueran minas.
Aquí no hay magia, hay estrategia. Recursos del Ramo 33 bien aplicados, visión territorial y, sobre todo, voluntad de cambiar el mapa de prioridades.
EL TERCO CHAVIRA
“Otra vez salió el terco Chavira”, fue una de las frases primeras en decirse cuando vieron el video del destape.
Y sí, regresó el terco Chavira, para anunciar que fiel a sus principios, volverá a buscar la candidatura de Morena a la gubernatura.
No es nuevo en esto. No llegó ayer ni se subió al tren de última hora. Fue candidato independiente a la gubernatura cuando pocos se atrevían a romper el molde, cuando enfrentarse al sistema no era moda, sino riesgo real. Desde entonces, ha hecho de la contienda su hábitat natural, elección tras elección, sin quitar el dedo del renglón.
Y eso, guste o no, pesa.
Hoy, el nombre de Francisco Chavira Martínez vuelve a sonar, ahora impulsado por fundadores y militantes históricos de Morena que, sin medias tintas, acusan que el partido ha sido “secuestrado” y alejado de sus principios originales.
El escenario fue Reynosa. El mensaje, directo, recuperar el movimiento.
Ahí estuvieron personajes como José Antonio Alafa Flores y José Luis Moreno, figuras que no solo presumen antigüedad en el partido, sino que hoy buscan reagrupar a las bases inconformes. Y en ese reacomodo, Chavira aparece como bandera.
Pero más allá del “destape”, lo interesante es el perfil.
Chavira no es un improvisado ni un oportunista de temporada. Es, más bien, un persistente profesional de la política, de esos que entienden que perder también es parte del oficio. Ha jugado una y otra vez, sabiendo que el triunfo no siempre está a la vuelta de la esquina, pero también que la lucha no se abandona.
Y en esa narrativa hay un hilo conductor que no ha soltado, la ideología de Andrés Manuel López Obrador.
Mientras otros la usan como etiqueta electoral, Chavira insiste en reivindicarla como bandera de origen. De ahí su discurso, regresar a los cimientos y devolverle el control del partido a quienes lo construyeron desde abajo.
¿Es una batalla cuesta arriba? Sin duda.
Pero si algo ha demostrado Chavira a lo largo de los años es que no es de los que se rajan cuando el terreno se complica. Al contrario, parece crecerse en la adversidad, como si la dificultad fuera combustible y no obstáculo… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
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