EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA SEMANA SANTA SE ESTA OLVIDANDO

UNA MALA NOTICIA
“EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA SEMANA SANTA SE ESTA OLVIDANDO”
Columna: Conciencia Ciudadana
Por: Luis Armando González Isas

Hoy en estos días es Semana Santa y, siendo honestos, ya no se vive como antes.

Antes está semana tenía otro sabor. Y no hablo solo de la comida, aunque claro que ahí estaban los orejones, los chicales, el pescado, los nopales con pipián y la capirotada que no podía faltar. Pero más que eso, era el ambiente. Era la familia reunida, era el respeto, era entender que no eran días cualquiera.

Se iba a la iglesia, se daba gracias a Jesucristo, se reflexionaba sobre su muerte y se celebraba su resurrección. Había una pausa, una pausa real en medio de la rutina.

Hoy, todo eso parece haberse ido diluyendo.

Las playas, los ríos y las albercas públicas están llenas, sí; pero también se hace presente el ruido, el exceso y la distracción. Y no se trata de señalar a nadie, sino de reconocer una realidad: cada vez somos menos los que recordamos por qué estos días deben de ser distintos y de guardar.

Y entonces viene la pregunta inevitable:
¿En qué momento cambió todo?

La respuesta no es cómoda, pero es clara: cambió poco a poco y lo más lamentable entre todos.

Se dejó de enseñar en casa, se dejó de practicar, se dejó de explicar. Y lo que no se vive, se pierde. Así de simple. Las nuevas generaciones no olvidaron, simplemente crecieron sin eso.

También influyó el ritmo de vida, el enfoque en lo material, la idea de que descansar es desconectarse de todo, incluso de lo espiritual.

Y así, sin hacer ruido, lo importante fue quedando en segundo plano.

Otra pregunta sería ¿por qué se está olvidando?

Porque lo que no se enseña, se pierde.
Porque lo que no se practica, se borra.
Y porque lo que no se valora, termina dejando de importar.

Pero aquí es donde entra lo importante.

Los que aún creemos, los que todavía vivimos la Semana Santa, no estamos para criticar, estamos para sostener.

Nos toca mantenerla viva en lo que sí depende de nosotros: en la casa, en la mesa, en la familia. Sentarnos con los hijos, explicarles el porqué, no solo repetir la costumbre. Hacer una pausa, aunque el mundo siga corriendo.

No se trata de obligar, se trata de no soltar.

Porque las tradiciones no se pierden cuando alguien las ataca,
se pierden cuando quienes las aman dejan de vivirlas.

Y mientras haya una familia que recuerde, que ore, que entienda el significado de estos días; entonces no todo está perdido.

La Semana Santa no ha desaparecido,
solo está esperando que alguien la siga viviendo.

Sigamos creyendo, y celebrando esta que es y debe ser la mejor semana del año.

Por hoy es todo y nos leemos en la próxima si el primerísimo nos lo permite.

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