RESURRECCIÓN
Eusebio Ruiz Ruiz.
Finalizó lo que en los albores del cristianismo llamaron “La Gran Semana”, para nosotros Semana Santa o Semana Mayor; se ha iniciado el tiempo litúrgico de la Pascua, un periodo de 50 días que inició el 5 de abril, Domingo de la Resurrección del Señor.
Es el tiempo propicio para comentar sobre la resurrección de Jesucristo, creencia esencial de todos los que profesan alguna religión cristiana, sean católicos, ortodoxos o protestantes, incluyendo a las denominaciones religiosas que se han derivado del protestantismo histórico, y que reconocen a Jesucristo como Dios y hombre.
Para todo cristiano, la resurrección de Jesucristo es dogma fundamental –aunque no se utilice la palabra “dogma”-. ¿Por qué fundamental? Saulo (c. 8-67), posteriormente llamado Pablo, originario de la ciudad de Tarso, tiene la respuesta en la primera carta que escribe a los cristianos de la ciudad griega de Corinto: “Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación no tiene contenido, como tampoco la fe de ustedes” (15,14). Inútil y absurda sería la fe de los cristianos sin la resurrección del crucificado.
La resurrección de Jesús es un asunto de fe, creencia que debe unir a todos los cristianos, muchos de ellos aferrados en lanzar críticas mordaces a los que no son de su credo, buscando y resaltando siempre la división, olvidándose de lo que dijo el Maestro: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de sus palabras, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 20. 21).
Sin resurrección de Jesucristo los 46 libros del Antiguo Testamento o 39, dependiendo de la religión cristiana, habrían perdido su valor como promesa cumplida y cumplimiento profético; además los 27 libros del Nuevo Testamento no se hubieran escrito, pues se escribieron a la luz de la resurrección, la Biblia estuviera truncada, no existiera el cristianismo ni la humanidad se hubiera visto beneficiada con sus aportaciones.
No sólo en la Biblia se habla de la resurrección de Jesucristo, también hay información extrabíblica que trata sobre este asunto.
El evangelio apócrifo de Pedro del siglo II, en los capítulos IX y X, describe la salida de Jesús del sepulcro y la intervención que el ángel del Señor tuvo en ese acontecimiento, todo ante la vista del centurión y los ancianos.
Otros documentos apócrifos que tocan el tema de la pasión y resurrección del Nazareno son el Evangelio de Nicodemo o Hechos de Pilato, el Evangelio de Bartolomé y los escritos complementarios a las Actas de Pilato.
Jorge Loring, S. I. en su obra “Para Salvarte” cita un texto que se refiere a Jesús, se trata de un escrito muy antiguo encontrado en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio (42 a.C.-37 d.C.). Dice: “Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección”.
Este dato extrabíblico coincide con lo que el evangelista Mateo comenta en una parte de los capítulos 27 y 28 cuando habla sobre la custodia del sepulcro y el soborno a los guardias.
Otra información importante es la que han arrojado los estudios sobre la sábana santa, lienzo de lino en el que probablemente envolvieron a Jesucristo.
Abundan los estudios científicos sobre está reliquia, ha sido objeto de todo tipo de análisis médicos, físicos, hematológicos, arqueológicos, textiles, químicos, biológicos, iconográficos, de informática, de cálculo de probabilidades, incluso ha sido analizado desde el punto de vista de un cirujano plástico con resultados sorprendentes.
Bernardo Bonilla, catedrático español de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora de la Clínica Universidad de Navarra, asegura que la sábana santa presenta, a la vez, signos de muerte y de vida de una persona que dejó su imagen impresa en un momento en el que estaba viva y que se está levantando, esto fue dado a conocer por la revista «Ciencia y Fe».
“Es razonable pensar que si el lienzo cubrió el cuerpo de Jesús a Él le interesaría no solo mostrarnos los signos de muerte sino también de resurrección en el mismo objeto”, afirma el catedrático.
Este estudio fue publicado de manera conjunta por la Universidad Nicolás Copérnico de Torun, Polonia y la Universidad de Navarra.
Los científicos, incluso los que no creen en Dios, ven a la sábana santa como una probable prueba de la resurrección de Cristo.
La sábana santa es un signo que apunta a la resurrección, su misterio no está en manos de la Iglesia Católica, sigue siendo un reto para la inteligencia y la ciencia.
Si bien es cierto que estos datos pueden ser un apoyo a la fe cristiana de las personas, se debe tener bien claro que la virtud teologal de la fe no depende de pruebas físicas.
La historia del Nazareno no terminó en la cruz, la muerte no triunfó, la injusticia de su crucifixión no tuvo la última palabra, por tanto, la predicación del cristiano no puede presentarse como lastimera, muerta, derrotada, alienante, quejumbrosa, dormida, triste, fosilizada, anacrónica, inmovilizada, desesperanzadora y hasta anticristiana. Si se tiene la convicción de la resurrección, entonces el Evangelio debe presentarse como lo que es: evangelio, es decir, NOTICIA FELIZ que se transmite.
La fe en Cristo resucitado no puede quedarse en un espiritualismo desencarnado; el compromiso alegre, individual y compartido del cristiano debe llevar a la acción y a la construcción de una sociedad cada vez más impregnada de fe, paz, justicia, amor, fraternidad, esperanza, unidad, libertad, verdad, humildad, servicio, honestidad, lealtad, gratitud, valentía, reconciliación, alegría… ¿O acaso nada de esto necesitamos?