Columna Opinión Económica y Financiera.
«RECONFIGURACIÓN ENERGÉTICA. PAPEL DE TAMAULIPAS, ALTAMIRA Y UAT»
Dr. Jorge A. Lera Mejía
Especialista en políticas públicas.
Tras siete años de parálisis en la explotación de gas shale y fracking, la reactivación de la Cuenca de Burgos coloca de nuevo al estado de Tamaulipas en el centro de la estrategia nacional de gas natural, justo cuando el choque de precios derivado de la guerra en Irán encarece los energéticos y obliga a México a replantear su dependencia de importaciones desde Estados Unidos.
La Cuenca de Burgos, de la cual 19 municipios corresponden a Tamaulipas, concentra cerca de 54 billones de pies cúbicos de gas de lutitas, lo que la convierte en la reserva de gas no convencional más importante del país y en un activo estratégico para el futuro energético nacional.
Municipios fronterizos: bisagra productiva y social
Los gobiernos municipales de la frontera norte de Tamaulipas –en torno a la cuenca y a los nodos de internación de gas en Matamoros, Reynosa, Río Bravo, Camargo, Mier, Miguel Alemán y Nuevo Laredo, entre otros– quedan en la primera línea de esta nueva etapa.
En sus territorios se ubican pozos, ductos, estaciones de compresión y plantas de procesamiento que fueron construidos desde los años dos mil y hoy operan con una capacidad ociosa superior al 60–65%, particularmente en gasoductos y en el complejo procesador de gas Burgos.
Reactivar el gas shale permitiría llenar esa infraestructura subutilizada, generar empleo local y articular cadenas de valor en servicios, mantenimiento, transporte y logística, pero también incrementa la presión sobre acuíferos, zonas rurales y poblaciones que ya enfrentan pobreza, inseguridad y déficit de servicios públicos.
En ese contexto, los ayuntamientos fronterizos asumen un papel crucial como gestores de licencias de uso de suelo, reguladores ambientales de proximidad y mediadores de conflictos entre empresas, comunidades y autoridades federales.
Su capacidad institucional para planear el ordenamiento territorial, vigilar impactos ambientales y negociar beneficios locales (fondos de infraestructura, empleo, capacitación) será determinante para que el gas shale se traduzca en desarrollo y no en una nueva ola de extractivismo con escaso derrame regional.
Altamira: nodo petroquímico y plataforma offshore
De forma complementaria, Altamira se consolida como el gran centro logístico y petroquímico de Tamaulipas, articulando la explotación de gas de Burgos con la industria de petroquímica secundaria y los nuevos desarrollos en aguas profundas.
En este municipio se ubican complejos industriales que transforman el gas en insumos de alto valor agregado –fertilizantes, plásticos, resinas, fibras– y que dependen de un abasto seguro y competitivo de gas natural para recuperar competitividad frente a la petroquímica estadounidense.
Al mismo tiempo, el puerto de Altamira fue elegido como plataforma logística del Campo Trión, el megaproyecto en aguas profundas del Golfo de México operado por Woodside Energy en sociedad con Pemex, que contempla perforar 24 pozos y producir hacia 2028 alrededor de 100 mil barriles diarios de petróleo, además de gas asociado que se conectará a la red de ductos existente.
La instalación de patios industriales, la llegada de tubería especializada y la construcción de la plataforma flotante Tláloc consolidan a Altamira como hub energético binacional, con capacidad para vincular producción costa afuera, gas de Burgos y petroquímica avanzada.
Rescate de Pemex y recuperación del crecimiento
En el plano financiero, Pemex sigue siendo la petrolera más endeudada del mundo, con una deuda que al cierre de 2025 ronda los 84,500 millones de dólares, a pesar de una reducción de alrededor de 20,000 millones en siete años.
La empresa enfrenta vencimientos equivalentes a 2.5% del PIB en los próximos años, y sus compromisos financieros ya absorben más recursos que la inversión productiva, lo que configura una situación cercana a la quiebra técnica si no se revierte la caída en producción y rentabilidad.
En ese escenario, la explotación masiva de gas shale en la Cuenca de Burgos, sumada a los proyectos de aguas profundas como Trión, aparece como una de las pocas palancas capaces de elevar de manera sostenida los volúmenes de gas y petróleo, reducir importaciones y mejorar el flujo de caja de Pemex.
Si se logran combinar mayor producción, uso de infraestructura ociosa, mejores precios internacionales por la crisis en Medio Oriente y un régimen fiscal más flexible, se abriría la posibilidad de sanear gradualmente las finanzas de Pemex, liberar espacio para inversión productiva y convertir al noreste –con Tamaulipas como eje– en el motor energético del país.
Desde una perspectiva macroeconómica, la reactivación energética –gas shale en Burgos, petroquímica en Altamira y petróleo en aguas profundas– podría aportar el impulso adicional que México necesita para volver a tasas de crecimiento cercanas al 2.5% anual del PIB, después de los siete años perdidos en que se frenó la reforma energética y se desaprovechó el potencial de estas cuencas.
La clave será que el Estado mexicano, el gobierno de Tamaulipas y los municipios fronterizos y de Altamira logren traducir esta ventana histórica en un proyecto de desarrollo con responsabilidad ambiental, fortalecimiento institucional y una distribución más equitativa de la riqueza generada.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) es un actor estratégico en la nueva etapa energética: aporta investigación sobre gas shale y fracking, análisis de riesgos socioambientales y prospectiva regional, además de formar capital humano especializado para proyectos como Burgos y Campo Trión, y articular convenios con empresas como Woodside para impulsar innovación, sustentabilidad e inversión social vinculada a la industria energética.
Por lo dicho, la UAT funge como cerebro técnico y formador de talento para el desarrollo energético en Tamaulipas, vinculando ciencia, formación profesional y colaboración con la industria.