DONDE ESTÉ TU TESORO, ALLÍ ESTARÁ TU CORAZON

En el marco de la guerra fría, uno de los campos de competencia y tensión establecida entre EEUU y la URSS, incluyó el de la salud.

Contextos/Gerardo Flores Sánchez

«Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón»

Después de la segunda guerra mundial, los países vencedores, crearon un organismo internacional para orientar la recuperación y desarrollo del mundo en una era de paz.  Ese organismo fue la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Esta a su vez, creó otros organismos sobre temas específicos. Para salud fue la Organización mundial de la salud (OMS), fundada en 1948, con la tarea de gestionar políticas de prevención, promoción, atención médica, combatir las epidemias, dar apoyo técnico, impulsar la investigación, la vigilancia epidemiológica, la formación de especialistas y técnicos en salud pública y coordinar la respuesta a emergencias, en cada uno de los países miembros. La sede de su oficina central está en Ginebra, Suiza. En cada continente se crearon oficinas regionales como la de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para los países de América.

En el marco de la guerra fría, uno de los campos de competencia y tensión establecida entre EEUU y la URSS, incluyó el de la salud.

A pesar de las diferencias, por las guerras de Corea (1950-1953) y de Vietnam (1955-1975) en diversos momentos de la historia, las dos potencias, cada una con los países aliados o bajo su control, coincidieron y sumaron esfuerzos para enfrentar emergencias mundiales como la de la viruela, ante la cual en 1959 acordaron el primer plan de vacunación masiva, que al replicarse en el resto del mundo logró erradicar esta enfermedad de America Latina en 1971 y del mundo en 1975. Además, en 1960, emprendieron juntos campañas para el control de la sífilis y la lepra, así como contra las pandemias de cólera en Asia y de fiebre amarilla en África.

Aunque la URSS tomó la delantera en la carrear espacial, lanzando el primer satélite (Sputnik 1 en 1957) y poniendo en órbita al primer humano (Yuri Gagarin, 1961), fue EEUU quién logró en 1969, el primer alunizaje con los astronautas del Apollo 11, con un costo estimado en 25 400 millones de dólares (169 500 a precios actuales). Este altísimo gasto, sumado al de la derrota de EEU en la guerra de Vietnam (1975), enfrió las relaciones y la cooperación con la URSS en todos los campos.

Sin embargo, en los años 70’s impulsaron juntos el programa de vacunación infantil contra la difteria y la tos ferina. China en 1978, empujó la coordinación de los dos bloques de poder mundial, para la realización de la Conferencia Mundial de Alma-Ata, URSS, en la que los países del mundo timaron el compromiso de llevar servicios básicos de salud a todos lo habitantes del mundo. Algo que aún a no se ha logrado, por falta de aplicación y recursos financieros de las potencias líderes.

En 1988 volvieron a coincidir, para aplicar un Plan exitoso de erradicación de la Poliomielitis, propuesto y apoyado por el Club Rotario Internacional. En los años 90’s ya sin la URSS (disuelta en 1991 por Gorbachov), la OMS con respaldo de EEUU emprendió sin éxito a la fecha, el control de la pandemia de enfermedades crónicas no trasmisibles (obesidad, diabetes, hipertensión).

Entre los años 70’s, hasta la segunda década del siglo XXI, la hegemonía de la economía del capitalismo en su fase neoliberal y de globalización, bajo un orden mundial unipolar dominado por EEUU y sus aliados, debilitó el Estado benefactor y la aplicación concreta del derechos a la protección de la salud, redujo los presupuestos para estas políticas, y frente al mercado, asignó al Estado y a los gobierno el papel limitado de rector y regulador de la participación de las poderosas corporaciones multinacionales e intermediarios nacionales de farmacéuticas, de equipo, insumos médicos, seguros y nuevas tecnologías. El resultado fue el incremento de la desigualdad social en salud y el empeoramiento de los indicadores de salud, bienestar y calidad de vida. De lo cual los diagnósticos de la OMS, la OPS, el Banco Mundial y la OCDE han generados evidencia científica sólida y detallada.

En junio de 2001, ante la emergencia mundial por la epidemia del VIH/SIDA, la ONU convocó a una reunión mundial en la que en la que se declaró prioridad para la seguridad mundial detener esta pandemia. Se aprobó y se comprometió un amplio financiamiento para este propósito. Sin embargó los atentados del 11 de septiembre en la Torres Gemelas, cambió la prioridad mundial y el presupuesto de EEUU como principal donante de fondos para la OMS, cambio de rumbo, para destinarse a su “Guerra contra el terrorismo”

El 11 de marzo de 2020, una nueva emergencia sanitaria mundial, la de la COVID-19, sorprendió al mundo, precisamente cuando la OMS con reducción de financiación, ante el activismo y creciente participación de fundaciones filantrópicas privadas como la de Bill y Melinda Gates, en la toma de decisiones en salud, ya había perdido su lugar preeminente como autoridad sanitaria incuestionable.

Esta pandemia volvió a unir los esfuerzos entre los bloques de poder dominantes en el mundo (ahora tripolar: EEUU, Rusia, China), para sumar voluntad, inteligencia, recursos y ciencia para hacer frente a epidemias tan devastadoras como las de la peste en la edad antigua y en la edad media, la de sarampión y viruela que los europeos trajeron a nuestro continente en su guerra de apropiación, la del cólera en el siglo XVIII y las de influenza de 1918 y 2009.

En julio 2025, la OPS con apoyo de la OMS presentó el informe “Una gran tormenta acecha en el horizonte”, en cual advirtió del alto impacto sanitario y macroeconómico que tienen en América del Sur las enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT) y las de salud mental, mismas que tuvieron en 2022 un costo de 7.3 billones dólares. Señaló el informe, que sí los países de la región eliminaran estas epidemias, podrían aumentar su PIB en 4%, durante los siguientes 30 años.

El pasado 7 de abril de 2026, la OMS, en el marco del Dia Mundial de la salud y teniendo como telón de fondo la guerra de medio-oriente, hizo un llamado para renovar el compromiso mundial por la salud, enfocándose este año en destacar el papel fundamental de la ciencia para una mejor salud mediante intervenciones y generación de recursos y tecnologías sólidamente fundados en la ciencia de vanguardia, en beneficio de toda la población, particularmente de los más vulnerables y en situación de emergencia. Esta campaña durará todo el año.

Sin embargo, para poner en acción esta propuesta de la OMS, se requiere recursos financieros que, con el retiro de EEUU de este organismo internacional, serán aún más insuficientes. En mayo de 2025, la OMS aprobó su presupuesto 2026-2027, que asciende a 4267 mil millones de dólares, 20% mayor que el anterior. Su objetivo es mantener sus programas y preparar la los países miembros para la pandemia o pandemias que vienen. Además, lanzó un «Llamamiento Global 2026» para recaudar 1000 millones de dólares adicionales para atender 36 emergencias sanitarias urgentes (Gaza, Sudán, Ucrania, Mpox, sarampión, etc.).

Sin duda, la OMS tiene delante un abrumador panorama mundial en salud, caracterizado por el avance continuo de las pandemias de ECNT, el alto riesgo de enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes, el debilitamiento de los sistemas nacionales de salud, los escases de recursos humanos en salud, la brecha tecnológica, el rezago en la salud digital, el cambio climático, de la desigualdad, la crisis migratoria, la multiplicación de población en riesgo y en emergencias por guerras y pobreza.

Aunque en salud, el dinero no lo es todo, cuando es muy precaria, un presupuesto básico, hace la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Será demasiado 4267 mil millones de dólares para evitar el colapso sanitario del mundo como casi ocurrió con la más reciente pandemia? Depende a que lo comparemos y para que se utilice.

Por ejemplo, el gasto total en defensa de los estados miembros de la OTAN superó los 1,5 billones de dólares el año pasado.

Por otra parte, se estima, que tan solo en los primeros 6 días de su guerra contra Irán, EEUU gastó 11 300 millones de dólares.

Trump está pidiendo que cada uno de los países invitados a su organismo paralelo de la ONU, que denominó “Junta de la Paz”, le aporten mil millones de dólares. Hay naciones que con todo y estar en crisis económica-política-social-sanitaria, como Argentina, aceptaron dar la “donación” y también se retiraron de la OMS.

Trump, autonombrado presidente vitalicio de esa junta, anunció que el capital que se reúna, será utilizado para reconstruir la Franja de Gaza y crear en ese territorio, un desarrollo inmobiliario de lujo que llevara el nombre de «Riviera del Medio Oriente», «Nueva Gaza o «Nueva Rafah». En este proyecto que ya fue presentado en la reunión de Davos, Suiza por Jared Kushner, invertirá 25 mil millones de dólares, una fortuna 6 veces mayor que lo que la OMS necesita para llevar sus programas de salud a los países todo el mundo.

En contraste, China donará 500 millones de dólares adicionales a los que aporta anualmente, para cubrir el vacío presupuestal que dejó la salida de EEUU.

Es así como el nuevo orden mundial se hace presente. Por lo tanto, la atención de la salud pública mundial y nacional también deberán cambiar para poder responder con mayor eficacia y justicia social a los retos de nuestro siglo, si es que realmente el corazón del mundo y el nuestro, están comprometidos con ella

Redaccion: