RECUPERAR GRANERO DE MÉXICO ENTRE GOBIERNO Y UAT

Columna Opinión Económica y Ecológica.

«RECUPERAR GRANERO DE MÉXICO ENTRE GOBIERNO Y UAT»

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

La colaboración entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), el Gobierno del Estado y la Secretaría de Desarrollo Rural puede convertirse en el eje de una estrategia de largo plazo para recuperar la productividad del campo tamaulipeco, atendiendo integralmente suelos, clima y procesos de erosión. Esta articulación abre la posibilidad de que Tamaulipas vuelva a posicionarse como parte del “granero de México” mediante ciencia aplicada, innovación tecnológica y políticas públicas convergentes.

Desde finales de los años noventa, la UAT ha acumulado experiencia en el diagnóstico de problemas de agua y suelo en el norte de Tamaulipas, identificando erosión eólica moderada con pérdidas cercanas a 37 toneladas por hectárea al año y focos de erosión hídrica severa. Estos estudios han puesto en evidencia la necesidad de cartografiar la degradación física, evaluar riesgos y diferenciar zonas críticas por tipo de suelo, pendiente, uso agrícola y régimen de humedad.

A futuro, la consolidación de observatorios de suelo y clima, apoyados en estaciones meteorológicas automatizadas y sensores remotos, permitirá pronosticar impactos de sequías, lluvias intensas y olas de calor sobre la fertilidad y la erosión.

Ello facilitará decisiones de política agrícola basadas en evidencia, como cambios oportunos en calendarios de siembra, láminas de riego y selección de cultivos más resilientes.

Diversos trabajos destacan que los principales problemas de degradación en Tamaulipas son la erosión hídrica y eólica, la compactación y, más recientemente, la salinidad de suelos agrícolas. Este deterioro se agrava por prácticas inadecuadas como surquería siguiendo la máxima pendiente, riegos mal dosificados y sobrefertilización, que aceleran el arrastre de la capa fértil y la acumulación de sales.

En este contexto, proyectos de bioingeniería impulsados por la UAT, basados en el uso de plantas nativas para controlar la erosión en laderas y cañones, ofrecen una alternativa de restauración de bajo costo y alto impacto.

El uso estratégico de vegetación con raíces profundas y buena capacidad de anclaje reduce el escurrimiento superficial, protege el suelo del impacto de la lluvia y genera cobertura viva que mejora la estructura del perfil.

El Gobierno de Tamaulipas ha comenzado a fortalecer la productividad mediante programas como la Central de Maquinaria Agrícola, que ofrece servicios de arado, subsoleo, rastra y siembra para granos básicos y hortalizas, reduciendo costos a pequeños y medianos productores.

Paralelamente, se han establecido apoyos para la adquisición de semillas de cultivos estratégicos como maíz, sorgo, frijol, avena y cacahuate, en el marco de un enfoque de diversificación agrícola.

Hacia el futuro, esta infraestructura debe integrarse con capacitación en agricultura regenerativa, uso de biofertilizantes y manejo de agua y suelos orientado a la conservación. El impulso al uso de drones para mapeos locales y regionales permitirá identificar microzonas de compactación, erosión y estrés hídrico, facilitando decisiones de labranza de conservación, diseño de curvas a nivel, drenaje subterráneo y obras de control de escurrimientos.

La recuperación del papel de Tamaulipas en el “granero de México” exige articular investigación aplicada, financiamiento, extensión rural y marcos regulatorios alineados. La UAT puede aportar modelos de manejo integral de cuencas, sistemas de monitoreo de suelos y esquemas de producción sustentable, mientras que la Secretaría de Desarrollo Rural orienta programas de fomento, incentivos y normatividad para prácticas conservacionistas.

Si esta sinergia se consolida, el estado estará en condiciones de combinar alta productividad con conservación de recursos, transitando hacia sistemas de producción diversificados, resilientes al clima y competitivos en mercados nacionales e internacionales. A mediano plazo, el éxito se reflejará en mayores rendimientos, reducción de la erosión, recuperación de suelos degradados y un campo tamaulipeco capaz de responder al reto alimentario de México.

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