El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, solicitó formalmente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) su intervención para detener una posible agresión militar por parte de Estados Unidos. El canciller transmitió esta petición directamente al secretario general del organismo, António Guterres, durante una reunión bilateral en Nueva York en el marco del Consejo de Seguridad.
Rodríguez alertó en sus canales oficiales que una intervención armada estadounidense desencadenaría un conflicto violento en la isla. Asimismo, el diplomático expuso ante la ONU la situación humanitaria que atraviesa la población cubana, la cual atribuye al desabastecimiento energético y al endurecimiento de las sanciones económicas de Washington.
Presión económica y acusaciones de cargos criminales
Durante su intervención en la sesión del Consejo de Seguridad presidida por China, el funcionario calificó el bloqueo petrolero estadounidense como un acto de guerra. La presión sobre La Habana se intensificó tras el reforzamiento de las restricciones fiscales y la captura en Caracas del presidente venezolano Nicolás Maduro, el principal aliado comercial y proveedor de crudo de la isla.
La agenda bilateral con Guterres también incluyó los siguientes puntos de tensión:
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Cerco energético: Un desabastecimiento severo de combustible derivado de las sanciones de los últimos cinco meses.
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Acciones judiciales: El rechazo de Cuba a los cargos presentados por el Departamento de Justicia de EE. UU. contra el expresidente Raúl Castro, relacionados con el derribo de dos avionetas hace tres décadas.
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Amenazas directas: Las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre asumir el control del territorio cubano.
Disposición al diálogo bilateral con Washington
A pesar del incremento en las hostilidades y la parálisis de los acuerdos previos, el canciller cubano ratificó la postura de su Gobierno para mantener canales de conversación abierta con la administración norteamericana.
Rodríguez condicionó estas negociaciones al respeto absoluto de la soberanía de la isla, exigiendo que las mesas de trabajo no impliquen la injerencia extranjera en los asuntos internos, el sistema político o los procesos electorales de Cuba. La delegación cubana concluyó su participación reiterando su apego al derecho internacional y al multilateralismo como vías para resolver el conflicto.