El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que la Fuerza Espacial norteamericana mantiene una vigilancia satelital permanente sobre las reservas de uranio enriquecido en Irán. Según el mandatario, el material se encuentra sepultado bajo escombros tras las ofensivas militares estadounidenses de 2025. Trump advirtió a Teherán que cualquier intento de recuperación del mineral provocará una respuesta bélica inmediata.
La disputa se centra en aproximadamente 400 kilos de uranio enriquecido al 60%. La inteligencia de la Casa Blanca sostiene que este cargamento quedó enterrado tras la ola de bombardeos del verano pasado contra los complejos nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán.
Incertidumbre del OIEA y vigilancia satelital
El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) mantiene una postura cautelosa. Su director, Rafael Mariano Grossi, admitió que las evaluaciones actuales se basan en conjeturas, ya que Irán continúa restringiendo el acceso a inspectores internacionales en las zonas afectadas.
A pesar de la falta de verificación terrestre, Trump se mostró convencido de la precisión tecnológica de su administración durante una entrevista para el programa Full Measure:
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Capacidad de monitoreo: La Fuerza Espacial rastrea en tiempo real los movimientos en las zonas de impacto.
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Amenaza directa: El presidente afirmó que «todo volará por los aires» si las autoridades iraníes intentan extraer el material de Isfahán.
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Objetivo final: Estados Unidos planea asegurar y confiscar dicho uranio en una fase futura del conflicto.
Contexto de un alto el fuego frágil
Irán y Estados Unidos atraviesan actualmente un delicado alto el fuego tras las hostilidades registradas a finales de febrero. Esta tregua ocurre menos de un año después de los ataques aéreos masivos contra la infraestructura atómica iraní.
En las mesas de negociación actuales, el destino del uranio enriquecido es el punto más crítico. Mientras Washington busca neutralizar el riesgo de una bomba atómica, Teherán sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos y reclama su derecho legítimo al desarrollo tecnológico. La vigilancia espacial se convierte así en la última barrera de contención antes de una posible ruptura del cese al fuego.






